Editorial
Hay tan sólo 2 Km. de distancia entre la casa de Pedro Ortiz y la carrera de comunicación social, pero ¿cuánto de distancia hay entre su formación académica y los requerimientos reales del mercado laboral? Según las universidades, sean éstas públicas o privadas; todo está bien, los profesionales que forman son competitivos, existe una adecuada formación. Bonito como cuento, pero irreal.
Sin duda, el desconocimiento de las posibilidades reales que ofrece el mercado profesional en el ámbito de la comunicación, genera falsas expectativas en la juventud, que opta por esta profesión. Transcurrido el tiempo, quienes cumplieron con los requisitos académicos, obtienen un título de licenciatura en comunicación social, certificado que, por lo general, llega aparejado de un sinnúmero de prejuicios, cuestionamientos e incertidumbres: temor al fracaso, dudas sobre cómo encarar el ejercicio profesional, carencia de oportunidades, entre otros. Esta dolorosa realidad, pone al descubierto el escaso camino recorrido respecto a esta problemática, hecho que exige de los actores involucrados una profunda reflexión, encaminada a imaginar mayores y mejores escenarios para los comunicadores.
No es un secreto que sólo una ínfima minoría del universo de comunicadores y comunicadoras, podrá convertirse en estrellas de la pantalla chica, ídolos del micrófono o reconocidos redactores de la prensa nacional; mas el poder hipnótico del espejismo de la “fama mediática”, encandila e inspira a la mayoría de estudiantes de comunicación, engendrando una visión reduccionista de esta rama de las ciencias sociales.
Informática, documentación, imágenes en movimiento, redacción, gestión de recursos humanos, opinión pública, marketing, desarrollo, economía, estadística, investigación; son algunas de las especialidades en las que los profesionales en comunicación pueden desarrollar su trabajo. El horizonte de probabilidades es amplio. Sin embargo, tan sólo una sólida formación teórica y un dominio metodológico e instrumental, permitirá que el futuro profesional pueda trascender en su medio.
Vivimos un tiempo donde la competitividad y la excelencia debe caracterizar al comunicador. Siendo un país subdesarrollado, no podemos darnos el lujo de descuidar la cuestión académica, por tanto, es preciso dejar de lado la actual política de educación superior del comunicador, cuya deficiente planificación caracteriza al proceso permitiendo, de esta manera, la distorsión del rol social que las escuelas de comunicación social deben cumplir, convirtiéndolas en simples instituciones emisoras de títulos profesionales que, salvo honrosas excepciones, arrojan al mercado laboral potenciales efectivos del gran ejército de desocupados.
En este sentido, IN-MEDIACIONES.COM, pretende convertirse en un nuevo espacio de reflexión, aporte y debate sobre temas comunicacionales. El desafío es grande y complejo, mas espectar pasivos este estado de cosas, nos hace partícipes de un virtual pacto por la mediocridad, sobre el cual la historia exigirá explicaciones.